miércoles, 5 de agosto de 2015

Primer Buque Hospital de la historia. “El Buenaventura”


Estando en su apogeo la tercera guerra carlista, estalló en el país otra guerra civil: el levantamiento cantonalista de 1873.
Confusamente definida la doctrina federal y más vaga aún su praxis, la exacerbación de la ideología produjo la revolución cantonal. El nombre de «cantón» revela la influencia que los federalismos suizo y norteamericano ejercieron sobre el federalismo español. El cantonalismo se extendió rápidamente por Andalucía y el Levante peninsular: Cádiz, Sevilla, Málaga, Granada, Córdoba, Valencia... Pero donde los hechos adquirieron gravedad inusitada fue en Cartagena, por ser base naval poderosamente guarnecida y fornicada. Y porque la insurrección tuvo en Antonio Gálvez Arce y en el general Contreras a dos jefes audaces.
Estos acontecimientos históricos  hicieron que fuera muy necesaria e importante la presencia y la acción de la Cruz Roja en el Sitio de Cartagena, ciudad en la que el «Landa murciano», Antonio Bonmatí y Caparrós, desplegó una actividad reconocida más tarde por todos como de heroica.
El 12 de julio de 1873 se proclamó en Cartagena el Cantón Murciano, pasándose al mismo la poderosa flota anclada en el puerto y las demás fuerzas militares.
Previendo tal hecho, la Comisión de la Cruz Roja de Cartagena se había reunido el 5 y delegó todas las funciones en una junta de emergencia que fue presidida por Antonio Bonmatí.
El sitio de Cartagena duró exactamente 6 meses y la ciudad sufrió 48 días de bombardeo. Dentro de ella, aislada, permaneció la Cruz Roja atendiendo sola la asistencia de los heridos, ya que la sanidad militar y civil no existió.
Sería interminable narrar, hecho tras hecho, todo lo realizado por el activo Bonmatí, pero baste decir que paso por todas las situaciones agradables y desagradables posibles que se pudieran imaginar. Desde ser detenido por los cantonalistas en calidad de rehén, hasta ser llamado por estos para que se hiciera con toda la asisten médica y sanitaria, de la ciudad, y, finalmente, como delegado neutral para conseguir la Paz entre los dos bandos contendientes. l
No sólo se actuó en tierra, sino también en las luchas navales que se sucedieron frente a Cartagena.
La escuadra de bloqueo estaba constituida por las fragatas «Victoria», «Almansa», «Carmen» y «Navas de Tolosa», los vapores «Colón» y «Ciudad de. Cádiz», y las goletas «Diana» y «Prosperidad». La fragata «Vitoria» era la que enarbolaba en su palo mayor la insignia del almirante.
Los insurrectos contaban en Cartagena con varios barcos, entre los que destacaban la fragata blindada «Numancia» y las «Méndez Núñez» y «Tetuán», alas que hay que agregar el entonces magnifico «Fernando el Católico». El mando de esta escuadra lo asumió en un principio el general Contreras.

Era el día 11 de octubre del año 1873, cuando, ante la presencia cercana de la escuadra del almirante Lobo, el general Contreras decidió salir a la mar y aceptar combate a la flota sitiadora. Había intensa niebla y de cuando en cuando, fuertes chubascos azotaban las cubiertas de los buques. El general Contreras contenía su orden de marcha, en tanto no aclarase el día. A las ocho de la mañana se despejó algo el horizonte y pudieron salir de la bahía. Todos iban animados de gran espíritu de lucha pero el combate, que se desarrolló hasta las doce no correspondió al entusiasmo de las tropas cantonales. A la altura del Cabo de Palos se encontraron las dos formaciones navales y los insurrectos sufrieron numerosas bajas, sobre todo a bordo del «Numancia» y del «Tetuán», que llevaron el peso de la batalla. A las siete volvió a fondear en el puerto de Cartagena la escuadra de Contreras, y en el muelle les aguardaba una seccion de la Cruz Roja, al mando de don Antonio Bonmatí, que procedió a desembarcar y a hacerse cargo de los muertos y heridos
 Con grandes cuidados se verifico el traslado, bajo una lluvia torrencial, al Hospital Militar de Cartagena.
Muchos heridos graves pagaron con sus vidas la falta de los imprescindibles e inmediatos auxilios médicos, inexistentes en la flota que se hizo a la mar por inexcusable imprevisión.
Hondamente impresionado por este estado de cosas, que hubiera podido ser atajado, el presidente de la Cruz Roja de Cartagena, señor Bonmati, se. dirigió a la junta que regia los destinos de la ciudad sitiada y le hizo saber que estos lamentables hechos hubieran podido evitarse requiriendo el concurso de la benéfica institución ,Y Se ofreció a prestar en el mar, a las flotas combatientes los servicios propios de esta institución.
Nueve años antes había sido otorgado el convenio internacional de Ginebra, el cual fue firmado por España y a instancias suyas, ampliado en todo lo referente a las guerras marítimas. El 20 de octubre de 1868 cristalizó este acuerdo con nueve artículos sobre esta materia. Pero estas normas para la actuación de la Cruz Roja en el mar jamás se habían puesto en práctica en el mundo. Correspondiendo a España el ser la primera nación que organizó los servicios de un buque hospital.
Ya se habían hecho las reparaciones precisas para hacerse nuevamente a la mar, en la madrugada del día 13, la escuadra Cantonal. Iba dispuesta a enfrentarse, por segunda vez, con la del almirante Lobo. La junta de los sublevados había adoptado todas las medidas precisas para la buena consecución de la empresa. Entre ellas, y teniendo en cuenta la proposición del señor Bonmati acordó dirigirse a la Cruz Roja de la ciudad en los siguientes términos:
Por si pudiese ocurrir el sensible caso de que al tener un encuentro nuestra escuadra con la del Gobierno centralista ocurriesen lamentables desgracias que se tuvieron en la expedición anterior, esta junta, confiada en el celo y el sentimientos humanitarios con que se distingue esa Asociación, espera ponga a la disposición de tan grande causa como es la de la humanidad, los hombres y elementos con que pueda contar, a fin de que salgan en el vapor remolcador y presten, una vez más un gran servicio a la humanidad.
                                                  Cartagena, 12 de octubre de 1.873
Los jefes del Cantón Murciano pidieron a la Cruz Roja que organizara una ambulancia a bordo de un buque neutral. El 13 de octubre de 1873 es la fecha, pues, del nacimiento de la Cruz Roja en una acción marítima; el vapor «Buenaventura» fue el buque neutral que enarboló la insignia de la Cruz Roja y formando su tripulación, los 51 siguientes asociados:
- Antonio Bonmatí, que dirigió la operación.
- Benigno Baeza.
- José Martín Ortiz.
- Juan Sánchez.
- Juan Vidal.
- Andrés Hernández.
- José Parra.
- Enrique Gómez.
- Antonio Pina.
- Adolfo López.
- Francisco Ros Boñé.
- Francisco Ros Lario.
- Juan Pomares.
- José Álvarez.
La Cruz Roja empezó a realizar su misión, haciéndose cargo del vapor de ruedas «Buenaventura», remolcador del puerto de Cartagena, de 110 toneladas, cuyo capitán, don Vicente Galán, se puso inmediatamente al servicio de la Institución.
Con febril actividad se instaló, con todos los elementos disponibles, la primera ambulancia marítima, que dirigida por el señor Bonmatí, ayudado por trece miembros de la Cruz Roja, se hizo a  la mar con el grueso de la escuadra cantonal, a las ocho de la mañana. El «Buenaventura» izaba, junto con el pabellón nacional, la bandera de la Cruz Roja. Por primera vez ésta hacía acto de presencia en un combate naval dispuesta a cumplir su doble y arriesgada misión bajo la bandera de España.
El «Buenaventura» salió pues a la zaga de la flota cantonal y se internó en el mar más de quince millas, regresando a puerto a las seis de la tarde, después de cumplir su primera misión marítima como hospital flotante.
El vapor de la Cruz Roja inauguró así, no sólo en España, sino también en toda Europa, esta nueva modalidad de socorro.
Finalmente y en pleno asedio de Cartagena por las tropas del general López Domínguez, la junta Revolucionaria encargó al señor Bonmatí para que, en nombre de la Cruz Roja, parlamentara con el jefe del ejército gubernamental y ofrecer la rendición de la plaza. Pero lo que aquí lo que nos interesaba era resaltar la mediación de la Institución. Mediación que, tras varias reuniones más entre unos y otros, consiguió al fin que el 13 de enero de 1874 se firmara la paz. 

Fuente: Historia de la Cruz Roja Española de Josep Carles Clemente.